Escrito por Andrés Siebert
La 31ª edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia no solo iluminó el escenario con su gala inaugural, sino que también dejó huella en el corazón de los asistentes.
Conducida por la carismática actriz Mariana Loyola y la participación sorpresa del talentoso Daniel Muñoz, la ceremonia fue un despliegue de emociones donde se entregó el premio Pudú a la Trayectoria a Amira Arratia, jefa del Departamento de Documentación de TVN, y a Luis Alberto Espinoza, director de ATV Valdivia.
Más de 600 personas se reunieron en el Teatro Cervantes, donde la inauguración fue solo el preámbulo de una noche que prometía ser un espacio de intercambio y reflexión sobre el cine y su impacto en la comunidad.
Y fue después, en un convite íntimo, donde realmente se sintió el latido del cine, un auténtico bálsamo para aquellos que viven y respiran el séptimo arte.
“El cine tiene una magia distinta este año”, compartió con entusiasmo Camilo Fontanilla, un asiduo del festival. “Sin duda esta edición va a tener un componente distinto a todas las versiones anteriores y eso no solo nos tiene que llenar a nosotros como valdivianos de orgullo, sino también a la comunidad de la zona sur y del país respecto a cómo se está concibiendo la cultura y el desarrollo en nuestra región”.
Una conexión entre el pasado y el presente
Este año, el festival no solo creció en número de espectadores, sino que también se elevó en la cantidad de películas que se exhibirán. Con más de 200 filmes, de los cuales 71 tienen participación chilena, el FICValdivia reafirma su compromiso con lo mejor del cine contemporáneo nacional e internacional.
El spot oficial, titulado Nica me lo pierdo, retrata a un grupo de submarinistas desembarcando entre los lobos marinos del mercado fluvial, disfrutando de lo que prometen ser los clásicos del futuro. Un homenaje vibrante a la conexión entre el cine y el paisaje de Valdivia.
La proyección de los cortometrajes ganadores de la primera edición del festival fue un momento cargado de historia y emoción, un hilo que une el pasado con el presente del cine chileno. “¡Uy, qué nostalgia, qué recuerdos!”, exclamó conmovida la actriz Tamara Acosta, protagonista de Largadistancia, al volver a ver el cortometraje que ganó en 1994. “Se me vino mi historia encima. Fue súper emocionante ver el cortometraje nuevamente después de 30 años y recordar lo bueno que era. Es muy bueno”.
Este viaje al pasado fue aún más significativo gracias a las palabras de Carolina Arredondo, ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio: “Hoy tuvimos la oportunidad de ver los dos cortometrajes ganadores de su primera versión y creo que no es menor que en esa instancia hayan ganado dos directoras, dos mujeres que, desde sus perspectivas, abordaron temáticas fundamentales que, vistas en retrospectiva, siguen siendo tan contingentes”.
La Creación de Comunidad en torno al festival
En ese “lado B” del festival, alejado de los reflectores, se vivió lo que realmente hace del FICValdivia un evento único: las conversaciones informales, las proyecciones musicalizadas en vivo y la exploración de nuevas tecnologías. En este contexto, Simbiosis Inmersiva: Agua y Océanos destacó, presentando una selección de obras que invitan a experimentar sensorialmente el arte cinematográfico en armonía con la naturaleza. Pero la reflexión no se detiene ahí: los espacios VOCES y KAWIN regresan, foros donde se debaten temas cruciales de la industria cinematográfica y la creación audiovisual.
“Valdivia está en un momento clave para el cine”, reflexionó Javier Wurth, realizador audiovisual y exalumno de la Universidad Austral. “Esto coloca a Valdivia en un plano de importancia, no solo cultural, sino también económico. La ciudad tiene un potencial inmenso, no solo en biodiversidad y ecología, sino también en términos de población, propuestas culturales y un mercado audiovisual que se aleja del centralismo”.
Finalmente, lo que une a todas estas actividades es la creación de comunidad. Desde las proyecciones hasta los conversatorios y los espacios de reflexión, el verdadero festival sucede en esos momentos de encuentro, donde el cine se convierte en una excusa para conectar. Por eso, Valdivia sigue demostrando que su festival es mucho más que un evento cultural: es un encuentro que une a una comunidad que, año tras año, se sumerge en el cine como en sus ríos, dejándose llevar por la corriente del arte, la creatividad y la reflexión.



